Educación Canina: Cómo piensan los perros
Una de las grandes incógnitas en el campo de la educación animal, es el saber como piensan los animales, en nuestro caso, los perros. El entender sus procesos mentales nos puede ayudar a saber como enfocar su educación, adiestramiento o modificación de conducta de la forma más ecológica posible para su sistema y entorno.
Pese a que aun hay mucho por aprender y descubrir en esta área, hay muchos para los cuales estos avances carecen de total importancia. Existen muchas personas que tratan y actúan como si los perros fueran meros objetos, una especie de juguete que usan cuando les interesa y que archivan cuando no les hace falta. Las razas, son tratadas como productos de marca, donde vale más aquel que sale en los anuncios, o pertenece a algún famoso. Da la impresión de que adquirir un perro de cierta raza te asegura unas prestaciones “de serie”, olvidando que son seres vivos y que cada perro es distinto a lo demás.
Los perros forman su carácter y conducta desde cachorros, o mejor dicho, desde su periodo prenatal, y se van desarrollando poco a poco según las vivencias experimentadas a lo largo de las diferentes etapas del crecimiento. El ambiente, tomando como ambiente el conjunto de interacciones con el medio (objetos, con la madre, con los hermanos, con los humanos, con la naturaleza, etc), acaba teniendo más influencia que la propia genética.
Por lo tanto, la mente del perro no es equiparable a un crip pre-programado, sobre el cual tenemos un botón de “power ON”, el cual activa sus funciones de serie, sino que es dinámica, que evoluciona y se adapta al medio en el que vive.
Estas experiencias, van moldeando su conducta, y van perfeccionando su forma de enfrentarse al mundo, de comunicarse con su entorno. Es por ello, que una de las grandes herramientas que tenemos para interpretar lo que pasa por el cerebro de un perro, se encuentra en saber interpretar sus señales caninas. Un simple movimiento ocular, o incluso la tensión muscular, puede aportarnos información esencial para saber entender a nuestro perro. Aunque parece sencillo, ser capaz de fijarse en estos detalles, requiere de mucha práctica. Cuando estás delante de un perro, difícilmente podrás ver su comportamiento a cámara lenta, o incluso hacer una pausa mientras revisas tus libros o apuntes para determinar “qué puede estar pensando”. Por lo tanto, la práctica, y una formación orientada en este sentido, es esencial si deseas adentrarte en el campo de saber como piensan los perros, o lo que nosotros llamamos “think as a dog”.
Una vez deducimos qué puede estar pensando nuestro perro, o como le afecta una situación determinada, debemos usar la técnica educativa consecuente. Hay una tendencia generalizada a creer que todos los perros se adiestran o educan con las mismas técnicas y de la misma forma. Cada perro es distinto, y por tanto, la forma más adecuada para trabajar con él, dependerá de sus características físicas, psicológicas y de su entorno. Hay perros que son adiestrados de forma pobre y sin motivación, y con niveles de autoridad que deprimirían al más optimista, y acaban siendo perros tristes y aburridos. Otros perros, que han tenido la suerte de crecer en un entorno animado, con mucho optimismo y vitalidad, y acaban siendo perros estrella, perros que en algunos casos marcan historia.
“No hay mayor recompensa que un perro que te haga caso, y que encima se lo pase genial haciéndolo”
Es por ello que nuestra predisposición a aprender, y a empatizar con nuestro perro, debe ser una premisa que debemos contemplar en todo momento. Esto me hace recordar una historia que quizás algunos ya conozcan, y dice algo así:
Érase una vez, un lejano pueblo, llegó un perro llamado Inuk. Era un perro normal, ni grande ni pequeño, aunque muy amigable. Al llegar la noche, buscó refugio, y llegó hasta una casa aparentemente abandonada.
Entró de forma lenta y con cuidado, y saludó amablemente por si había alguien dentro. Efectivamente, al entrar en el salón principal de la casa, se encontró con más de mil perros que le miraban fijamente.
Inuk, movió su cola y orejas en plan amable, y les saludó de forma amistosa y con respeto. Todos los demás perritos, le saludaron de la misma forma, así que decidió que era un buen lugar para quedarse esa noche, rodeado de buena compañía. Se hizo una rosquilla, y quedó dormido profundamente.
Al día siguiente, Inuk se despidió de todos, y aquellos mil perros le despidieron de él de forma muy alegre. Al salir, Inuk pensó que era una casa maravillosa, y que si volvía al pueblo, regresaría para visitarles.
Al llegar al siguiente pueblo, se encontró con un perro llamado “dom”, un gran perro, de expresión seria y que parecía tener todas las respuestas. Pasaron varios días juntos, hasta que cada uno prosiguió su camino, en direcciones opuestas.
Si saberlo, Dom llegó a la casa que había visitado su compañero unos días antes, y decidió pasar allí la noche. Al entrar en el salón principal, se encontró un grupo de unos mil perros, con expresión amenazante y con una mirada que daba miedo. Dom plantó cara a aquellos perros, estaba claro que aquella era su casa, y estaban defendiendo su territorio, y un intruso como Dom tenía todas las que perder. Les plantó cara, pero finalmente tuvo que salir de esa casa infernal, llena de perros agresivos e irracionales.
Al salir de aquella casa de los demonios, juró que regresaría para vengarse, y se fió en un gran cartel que parecía tener escrito el nombre de esta mansión, en el cual aparecía escrito: ” la casa de los espejos”
Este relato, pretende explicar al lector que nuestra postura a la hora de interpretar lo que vemos en los perros, es esencial para ser tolerantes y comprensivos con ellos, y por tanto, ofrecerles una educación correcta y placentera.
Los perros son animales inquietos, que desde cachorros les gusta investigar y aprender. Si realizan cosas que les divierten, su aprendizaje se acelera de forma exponencial, y son capaces de mostrar comportamientos y soluciones a los problemas que les plantea la vida de forma que sorprenderían a la mayoría de los dueños. Esto es posible, cuando viven en un entrono donde son educados sin críticas ni exigencias, y predomina una aceptación por el individuo como un ser único, especial y con una belleza inigualable.
Un perro debe ser espontáneo, vital, y debe tener la capacidad de expresarse libremente, si algo le gusta o si algo no le gusta, y como educadores, debemos saber guiarle, de una forma positiva, que le permita desarrollar sus capacidades, y que les permita también corregir las conductas que no nos parezcan adecuadas.
Dado que de momento no es posible sentarse junto a nuestros perros y preguntarles “¿Como te sientes?” o “¿En qué momento de la sesión te has sentido más motivado?, etc, debemos guiarnos por los conocimientos que tenemos a día de hoy sobre como se comunican, como gestionan sus emociones e instintos, y como suponemos que procesan la información que les llega del entorno en el que viven, como guías informativas que nos ayuden a entenderles, colaborar con ellos, y vivir en armonía con nuestros mejores y más apreciados amigos, los perros.
Marcos Javier Ibáñez 2010 (c)
DIR. TAKODA