Disemia Canina
Uno de los grandes problemas presentes en las actuales sociedades caninas, es la incapacidad de comunicación entre ellos. Los perros, en su evolución, han estado en continuo contacto con miembros de su misma especie, normalmente con ejemplares autóctonos de la zona donde habitan, y con un lenguaje que podríamos decir que es casi universal.
A lo largo de su historia han desarrollado un sistema de comunicación que les ha permitido establecer relaciones sociales, convivir en grupo y beneficiarse de las cualidades y habilidades de cada uno de los integrantes, conformando lo que actualmente se conoce con el nombre de “manada”.
Perros educados por perros que mantienen relaciones sociales con los miembros de su misma especie y que podrían compararse con pequeñas comunidades humanas.
Pero todo esto ha cambiado en muy pocos años. Los perros cada día más viven de forma aislada, se separan de forma prematura de sus madres, y se les niega la interacción social con otros perros. En algunos casos, se les permite interactuar con otros cachorros, que a su vez, han sido separados de forma temprana de su madre, y muchas veces con propietarios inexpertos. Ante lo cual, tenemos cachorros educados con otros cachorros, sin normas y sin control. En este panorama, es fácil entender que los perros muestran serias dificultades a la hora de relacionarse con otros individuos de su misma especie, o como mucho, se relacionan en edad adulta como si aun fueran cachorros, lo cual genera serios problemas.
En los perros criados de forma aislada, me atrevería a decir que en muchos casos, ni siquiera saben que son perros, y cuando se encuentran a un individuo de su misma especie, reaccionan mostrando inseguridad y desconfianza, pues son incapaces de comunicarse de forma eficaz con ese otro ser.
Cada día que pasa, hay más perros con incapacidad de entender el lenguaje de otros perros y esto les provoca problemas de conductas de miedo y agresividad ya que no saben interpretar la comunicación de otros perros.
Esta incapacidad de “leer” las señales en los demás perros, es a lo que llamamos “disemia canina”.
Disemia se aplica dentro del contexto humano, un término de psicología que proviene del griego dys, que significa “dificultad”, y semes que significa “señal”, y se utiliza cuando nos referimos a personas con incapacidad para captar y entender los mensajes no verbales.
Los cambios de costumbres producidos en los últimos años deberían haber implicado implícitamente cambios en nuestras formas de educar y tratar a los perros, lo cual no se ha producido. Da la impresión de que hemos des-evolucionado en nuestra relación con los demás seres vivos del planeta, y estamos generando un efecto negativo muy poderoso en la población canina, potenciando cada día más, los problemas de conducta.
A nuestra compleja situación actual, se le suman leyendas y creencias que más que ayudar, perjudican a los perros, Una de las más destacables, es la creencia de que “todos los perros deben llevarse bien”, o que “todos los perros son amigos”. Posiblemente esta creencia se originó observando a los perros de antaño, cuando vivían principalmente en la calle, y convivían con el resto de perros de la zona. Era necesario que establecieran normas de convivencia por el bien de todos, y diera como consecuencia la sensación de que “todos se llevaban bien”.
Para complicar las cosas un poco más, vivimos en un país no apto para perros. Se nos prohíbe la entrada a casi cualquier sitio, e incluso hay lugares donde tienen prohibido el acceso en los lugares públicos, zonas en las que los perros deben aprender a orinar sobre las alcantarillas, ya que en caso contrario sus propietarios reciben una multa por incívicos, y para colmo, no tienen zonas habilitadas para perros.
Se prohíbe la entrada a perros en casi cualquier establecimiento, incluso en lugares donde jamás entrarías con tu perro por la falta de higiene que demuestran. Aunque parece que los perros en muchas de nuestras actuales ciudades, se les trate como un nido de suciedad y enfermedades, cuando en la mayoría de los casos, los perros de ciudad, suelen convivir con sus propietarios donde no solo su estado de salud he higiene es excelente, sino que son capaces de aguantar sus necesidades durante muchas horas, hasta llegar a las zonas exteriores y abiertas donde saben que allí tienen permiso.
Algunos intentan compensar nuestra complicada vida, ofreciendo a los perros sofisticados sistemas de educación canina, múltiples ejercicios y juguetes que les ayudan a explotar, inspeccionar, control de la boca, del cuerpo, saltar obstáculos de mil de colores, etc.
También hace falta organizar jornadas o quedadas, ya que es la única forma de encontrar un grupo de perros con el que disfrutar de una jornada de relación social canina en un entorno natural y novedoso, más allá del parque en el que pasean todos los días.
En el otro extremo de esta forma de educación moderna, tenemos la “no-educación” que consiste en dejar que el perro haga lo que le de la gana, y castigarle de forma dura cuando “se porta mal”, obteniendo como resultado “malos perros”.
Para compensar esta situación, se sigue la misma tendencia artificial de solucionar los problemas del perro mediante intentos cada día más sofisticados y complejos.
A este ritmo, pronto tendremos una enorme e interminable lista de “remedios artificiales” que no solucionan los problemas en los perros, sino que simplemente los suavizan, los camuflan, que mantienen a nuestros perros en un continuo estado de dependencia, asegurando un tratamiento de por vida.
Parece que hemos olvidado las formas naturales de educar y disfrutar de nuestros perros, de convivir y no simplemente de poseer.
El pasado Junio, en un viaje cerca del Pirineo, nos sorprendió ver a un perrito de 18 años paseando alegremente con su propietario, un hombre mayor con la misma simpatía y ganas de vivir que mostraba el perro. Nos los encontramos en la ciudad, en el parque e incluso cruzando por mitad del río. Nunca hubiera pensado que ese perrito tendría más de 10 años por su gran vitalidad, el cual además me sorprendió por su excelente carácter con humanos y otros perros.
La disemia canina tiende a augmentar en las próximas generaciones, aunque aun estamos a tiempo de cambiar este panorama. Cambiemos las viejas creencias de que los perros nacen con un programa integrado de “Como somos los perros”, y partamos de la base de fomentar su educación desde cachorros, hasta adultos, ofreciéndoles una vida los más natural posible, y permitiéndoles ser simplemente “perros”.
Marcos J. Ibáñez (c) 2011.
DIR. TAKODA
Especialista en problemas de conducta
Experto en razas primitivas
Artículo publicado en el Número 1 de la Revista VetNatur
http://www.veternatur.com/publication/28a192cb/
Actualmente la web es: https://vidanaturalanimal.com/